viernes, 11 de septiembre de 2015

Hugo Riveros, en el Umbral de una vida entre tablas y telones

Porque el teatro es un trabajo y hay que respetarlo como tal

Por: Valery Cuadros Flores

Hace más de 30 años le dijeron ¿Hasta cuándo te va a durar la locura?. “Va a ser para siempre, vamos a hacer teatro” fueron sus palabras, las cuales mantuvo firmemente. Hugo Riveros Morales comenzó en la dirección teatral el año 1978, cofundador del Teatro Arlequín, dirigió el elenco Municipal desde el año 1982 al 2002. También ha dirigido la Compañía de Teatro Arequipa y diversas agrupaciones. Desde el año 2014 es director y productor de la Compañía de Teatro Umbral.

Para Hugo, crear y contar historias es una forma de vivir, es su forma de vivir. Desde pequeño vivió rodeado de situaciones muy comunes para unos, que para él despertaban todo un mundo de sentimientos. Una sonrisa se asoma en su rostro al recordar a su abuelo, quien según él, sabía contar historias de manera espectacular. Historias que vivía y las hacía vívidas al contarlas. Afirma que su abuelo tenía tal capacidad de decir cosas y ponerse en los zapatos de los protagonistas de su relato; por un momento era el policía y al instante siguiente era la vecina y así sucesivamente. Su madre también heredó ese talento, ese gen que lo llevó a estar donde está. “Uno sabe que no va a ser rico, pero es una forma de vivir”


Luego, ya en la adolescencia, encontró chicos que tuvieran la misma pasión que él. Montaron obras pequeñas para el día de la madre, fechas especiales, que poco a poco lo fueron empujando más al escenario. Hace 30 años, el teatro en Arequipa era poco productivo, querer estudiarlo era una locura y pensar que habría escuelas para eso aún más. Por eso fue que, junto con un muy buen amigo, Mario Azálgara, crearon el Grupo Arlequín. Sólo con la experiencia de haber salido al escenario algunas veces y de haber escrito algunas obras no tan buenas; decidieron hacer lo necesario para que otros jóvenes con los mismos intereses pudieran dar rienda suelta a sus sueños.

Riveros nos cuenta que entró de lleno a este mundo, renunció al trabajo y a muchas cosas. Hace la comparación “es como cuando uno se enamora, pierdes la visión de todo y sólo miras un objetivo, lo que amas” en su caso, era puro y verdadero amor al arte. Gracias a su pasión conoció profesores muy buenos de los que aprendió y recogió la filosofía que hoy imparte. Tuvo la oportunidad de asistir junto con el elenco municipal a un Festival Internacional de Teatro en Córdoba, Argentina.

Después de tantas experiencias, para él llegó la hora de sentar cabeza artísticamente. Hace 20 años el dijo “alguna vez tendré mi propio teatro”, no sólo se quedaron en palabras. La historia se hizo realidad. Después de buscar junto con Nancy Lira, con la que compartía ese sueño. Encontraron en Moral 115 o San Francisco 204 - Interior 110 lo que necesitaban. “Ella me dijo, Huguito, o lo haces ahora o no lo haces nunca”. Y lo hizo. No fue fácil pero como nos cuenta, tenía un colchoncito de dinero reservado para ese sueño. Así es como este 6 de setiembre se cumple un año de haber inaugurado la sala de Teatro Umbral.
Como nos dice, hay cosas que el dinero no compra, el hecho de que los artistas y teatreros puedan tener su espacio. Él necesitaba proponer un trabajo organizado, serio, productivo, que otros actores y artistas se vinculen; que tengan una sala seria y bien montada, que irá mejorando. La compañía de Teatro Umbral ha marcado un hito junto con Ccalapata, Artescenica, Panda, Arte Contemporáneo y otros más que se están sumando.

En este instante son uno de los más importantes y encaminados a ser los mejores, no para envanecerse, sino para aportar al país un teatro arequipeño que puede seguir creciendo porque hay muy buenos actores, jóvenes interesados en que las cosas funcionen. Esta generación ya está convencida de que esto es trabajo, y que si quieren lograr algo es gracias a esfuerzo y sacrificio constante. Por eso, Teatro Umbral,  imparte talleres para jóvenes y adultos, dándoles lo que creen bueno, una plataforma de trabajo que les permita después ir a una escuela y saber de qué están hablando o trabajar con otro director y saber qué están haciendo.
Dentro de todo, no sólo es cuestión de querer. El ex director del elenco Municipal afirma que son dos barreras las que impide que el teatro en Arequipa se posicione. La primera, es una barrera externa que tiene que ver con los sistemas del gobierno, la falta de facilitación de espacios culturales. La segunda barrera es interna, carencia de humildad, no estar presto a escuchar las críticas constructivas; es la más difícil pero a la vez la más fácil de romper.

Es evidente que el teatro ha evolucionado a lo largo de los años y lo seguirá haciendo, mejorando en todo aspecto, siempre con un empujoncito.

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