¿Por qué ese varón evasivo, inalcanzable, sumergido por fin para nosotras en el líquido agridulce del deseo?
¿Por qué el primer amor, ese hombre que amamos antes que a todos los demás, el primero en rompernos el corazón con el golpe invisible de su indiferencia, es decir, nuestro padre?
¿Por qué ese beso lastimado que llevamos en la boca y que marcará para siempre el sabor de todos los besos futuros?
Quizás porque la literatura ha analizado extensamente el estrecho y complejo vínculo entre madre e hijo: Yocasta y Edipo, Gertrudis y Hamlet, por citar dos ejemplos clásicos, pero casi nunca se ha detenido a desentrañar la relación de amor rara vez correspondido que se establece entre la niña y su progenitor, ni cómo ésta afecta la percepción de la propia valía, la vida amorosa, la capacidad para triunfar.
En esta comedia, ácido retrato de la moral sexual latina que rigió nuestra juventud, -merecedora del Premio de Teatro “Hermanos Machado” de Sevilla-, siguiendo el recorrido amoroso de una mujer exploramos la imagen que del sexo se forman las jovencitas, mostramos las demandas esquizofrénicas que un orden social patriarcal les plantea y abrimos una ventanita a la esperanza de que, algún día, el terror al compromiso, la mutua incomprensión y las represiones dejen de ser el afilado escollo en el que se rompen los pies esos dos ángeles exaltados e inextinguibles: el amor y el deseo.
Ana Istarú
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